
Mi estilo terapéutico se caracteriza por la flexibilidad y la adaptación constante a las necesidades de cada persona. Creo que cada proceso es único, por lo que ajusto las intervenciones según lo que cada persona requiere en su momento vital. Trabajo principalmente desde un enfoque sistémico y cognitivo-conductual, lo que me permite abordar tanto el contexto en el que la persona se desenvuelve como los patrones de pensamiento y conducta que pueden estar influyendo en su malestar. Busco que el proceso terapéutico no solo sea reflexivo, sino también práctico, favoreciendo avances más concretos y efectivos. Para mí, la base de la terapia es la empatía, la calidez humana y la aceptación incondicional. Me gusta construir un espacio seguro, libre de prejuicios, donde cada persona pueda expresarse con total libertad: reír, llorar, desahogarse, cuestionarse e incluso hacer bromas sin sentir que está “mal” por hacerlo. Me caracterizo por una escucha activa, cercana y liviana, que permite que la terapia sea profunda, pero también humana y genuina.