La inflamación que empieza en el plato
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Si le dijeron que sus exámenes están normales y usted sigue hinchado, cansado, con la piel irritada o con la cabeza lenta, esta guía le explica por qué ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo. Un examen negativo descarta la enfermedad específica que ese examen busca; no descarta que un alimento le esté haciendo daño por otra vía.
Al terminarla, usted va a poder:
Entender qué mide cada examen y qué no mide. Por qué la celiaquía negativa, el test de lactosa negativo y las pruebas de alergia negativas dejan fuera los mecanismos más frecuentes.
Distinguir lactosa de caseína, que son dos problemas distintos dentro del mismo vaso de leche, y saber por qué cambiarse a deslactosado no le sirvió.
Reconocer sus propios síntomas en un mecanismo concreto: si lo suyo es gas, si es inflamación, o si son las dos cosas. Eso cambia qué conviene retirar y qué puede conservar.
Saber qué le está haciendo el azúcar a su hígado, a su páncreas, a sus arterias y a sus bacterias intestinales, mucho antes de que aparezca alterado en un examen.
Dejar de restringir a ciegas. El objetivo no es prohibir todo, es encontrar la restricción mínima necesaria para que usted esté bien.
Llevar un plan concreto de cuatro semanas con reintroducción ordenada, para tener datos propios en vez de impresiones, y una lista de exámenes de base para conversar con su médico.
Conversar de igual a igual en la consulta. Cada afirmación está respaldada con la investigación publicada, y la bibliografía va al final por si quiere revisarla o mostrarla.
En una frase: salir de "no tengo nada" y entrar a "ya sé qué me pasa, por qué me pasa y qué hago con eso".
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Evaluaciones
Marcela M.
Hace un díaMaria I.
Hace 5 días