
Trabajo desde una psicología crítica, comunitaria, clínica (ACT/DBT) y profundamente humana, donde el malestar no se reduce a un diagnóstico ni se trata como un problema individual aislado. Acompaño procesos emocionales entendiendo que el dolor muchas veces nace de lo social, lo cultural y lo estructural, y que sentir no es fallar, sino una señal de potencia y transformación. Mi forma de trabajar es cercana, horizontal y sin jerarquías: no “arreglo” personas, camino con ellas, integrando herramientas de regulación emocional, aceptación y compromiso, reflexión crítica y cuidado colectivo. Me diferencia una mirada decolonial, con perspectiva de género y justicia social, que valida la experiencia sin romantizar el sufrimiento y transforma el autocuidado en un acto político. Mi sello es sostener con suavidad lo que duele, nombrar lo que incomoda y acompañar a reconstruir sentido, agencia y comunidad.