Pamela Sauer - Psicóloga clínica adultos

Pamela Sauer

Profesional verificado. Número de registro en la Superintendencia de Salud: 100095

Psicóloga clínica adultos

5.0

(142 evaluaciones)
Este es un relato para todas las mujeres que conocen ese ciclo del TCA de cerca y todavía no saben si tienen permiso para pedir ayuda. Quiero que sepan que LO TIENEN. A continuación, comparto mi testimonio: Hubo un período en mi vida en que la cocina se convirtió en un campo de batalla. Me despertaba antes de que amaneciera, no porque quisiera, sino para poder comer tranquila, sin que nadie me mirara, sin comentarios que me dolieran aunque fingiera que no. Comía rápido, urgida, con esa sensación de que en cualquier momento alguien aparecería en la cocina para recordarme que lo estaba haciendo mal. Que había comido demasiado, que "no había dejado comida para los demás", que "estaba rellenita", entre otros comentarios horribles. Apuraba el ritmo, con tal de no coincidir con quienes me llenaban de comentarios nocivos que nunca pedí. Con tal de evitar esa presión externa, ese maltrato; ese recordatorio constante de que no me cuidaba. Con tal de eludir la consecuente dismorfia corporal que sentía cada vez. Y cuando no llegaba a tiempo, elegía no comer. Posponer. Esperar horas hasta que el espacio fuera mío. El resultado era siempre el mismo: o comía sin hambre, o comía famélica y sin poder parar. Después venía la culpa. Después la promesa de que la próxima vez sería diferente. Y después, otra vez lo mismo. Descontrol. Daño. Culpa. Vergüenza. Castigo. Repetir. Lo escribo así, en lista, porque así se sentía: mecánico, inevitable, sin salida. Me sentía estancada en un hoyo sin saber qué hacer. Sabía que me estaba haciendo daño. Y, sin embargo, no podía parar. Toqué fondo. Fuerte. Consideré, incluso, en hacerme daño, de manera irreversible. Fue ahí cuando me preocupé en serio, me dije: "No puedes dejar que te la gane". Y desde ahí, por fin, pedí ayuda. Recurrí a mi mamá, amigas y mi pareja, quienes me apoyaron con mucha dulzura y apertura. Encontré a la Pame de milagro, y sentí por primera vez, esperanza de que el TCA ya no me iba a dominar más. Desde luego, fue sumamente difícil verbalizar que tenía un TCA. Siempre lo supe (por años), pero nunca lo quise admitir. Me daba vergüenza. Sentía que me había traicionado a mí misma, que había fallado en cuidar mi propia casa, que es mi cuerpo. Pero también sabía que seguir sola en ese ciclo no era una opción que pudiera sostener mucho más tiempo. Lo supe, en especial, la primera vez que estuve ad portas de inducirme al vómito, arrepentida del atracón, para sacar toda la basura que había ingerido de mi cuerpo, de mi sistema. Lo que me hizo dar el paso fue algo concreto: primero, saber que la Pame también había vivido un TCA. Eso cambió todo. No iba a tener que explicar desde cero qué se siente. No iba a encontrar una mirada desde afuera, distante, técnica. Iba a encontrar a alguien que sabía. En segundo lugar, el ver las numerosas reseñas de otras mujeres que también tienen/tuvieron un TCA en la página de la Pame, me hizo dimensionar que hay muchas, muchísimas mujeres fuertes que pusieron su confianza en ella y vieron frutos. Aquello despertó mi interés: supe que no eran palabras vacías o “bonitas” solamente, eran testimonios genuinos y reales de que se puede sobrevivir a esto, y, sobre todo, que vale la pena dar la pelea al TCA. Estoy muy agradecida de esas mujeres que se animaron a poner sus reseñas, pues supe de inmediato que iba a ser un espacio libre de juicios. Lo que menos necesita alguien con TCA son más juicios, propios o ajenos. Es cierto que el cambio no fue inmediato ni lineal. Pero fue real. Aprendí a escuchar mi cuerpo de una forma que nunca había practicado. A distinguir cuándo tenía hambre de verdad y cuándo lo que sentía era ansiedad, estrés, soledad, algo que necesitaba atención pero no necesariamente comida. Aprendí que hay muchos tipos de hambre, y que identificarlos cambia completamente la relación con el acto de comer. Aprendí también a ir más lento. A hacer pausas. A estar presente en lo que estaba haciendo. A vivir en el aquí y ahora, en lugar de huir constantemente hacia adelante o hacia atrás. Ser más consciente de lo que estoy haciendo, de donde estoy, y a conectar de verdad con eso, con el presente, con lo que tengo y lo que soy ahora. Hay un momento para todo, siempre hay tiempo para todo. Hay que saber hacer la lectura de cómo moldearse a los ritmos, pero cuando se logra, es exquisita la sensación: de pronto todo fluye, y tú también fluyes con todo. Y, de a poco, comer se fue convirtiendo en algo diferente. Algo más neutro, más simple. Una forma de cuidarme, no de castigarme. Empecé a disfrutar lo que comía sin perder el control, y descubrí que esas dos cosas -el disfrute y el equilibrio- no son opuestas. Nunca lo fueron. Entonces, ¿qué aprendí en mi proceso de acompañamiento con la Pame, para abordar mi TCA? Que soy más resiliente de lo que creía. Que tengo más herramientas dentro de mí de las que imaginaba. Que el TCA no me define, y que yo puedo decidir activa y conscientemente no darle más espacio en mi vida. Y, sobre todo, aprendí esto: me merezco sanar. Me merezco estar en paz conmigo misma y tratarme con el mismo cuidado que le daría a alguien que quiero. Antes de empezar el programa con la Pame, mi relación con la comida era muy negativa. Practicaba muchísimo el mindless eating, y veía en la comida muchas veces un “premio” o un “castigo” según el contexto. Usaba, también, la comida como un “medio” para tapar cosas que no quería ver, emociones de las que no me estaba haciendo cargo adecuadamente. Es mucho más fácil incurrir en un atracón cuando estoy ansiosa, a que explorar la incomodidad de evaluar pausadamente por qué estoy ansiosa; qué es lo que gatilló mi ansiedad, y cómo puedo lidiar con ella de forma sana, apropiada y aterrizada. Hoy, después del programa, entiendo que la comida es, simplemente, comida. Que debemos comer cuando tenemos hambre, y con el fin de nutrirnos y tener energía para hacer las actividades del día a día. Si estás leyendo esto y algo de lo que escribí te resuena, quiero decirte algo: no tienes que estar lista para pedir ayuda. Solo tienes que intentarlo. Dar ese primer paso es aterrador. Yo también lo sentí así. Pero una vez que lo das, algo empieza a moverse. Vale la pena intentarlo. Vales la pena. Estoy íntegramente agradecida de la Pame por su acompañamiento en este proceso, e insto a quienes están con dudas sobre si iniciar o no este proceso de sanación, a que agenden una sesión inicial con la Pame. Ella es muy amorosa y extremadamente profesional en lo que hace, además de que se nota su pasión y vocación por ayudar a otras mujeres a sanar su relación con la comida y consigo mismas. Un abrazo a todas.
5Jacinta Quiñones Fernández
Hace 1 semana
Muy agradecida de todo lo que me ha ayudado la Pame, demasiado seca en su área. Muchas gracias Pame!
5Anónima
Febrero 2026
Paula me ayudó a ver cosas de mi que nunca antes habia visto, y eso me ayudó un monton a cuidarse mejor
5Anónima
Diciembre 2025
SOBRE MÍ

Quiero partir compartiendo quién soy y por qué estoy aquí contigo Soy psicóloga clínica graduada en la Universidad Diego Portales y terapeuta familiar y de parejas certificada por el IChTF. Me he especializado como terapeuta en psicología de alimentación consciente y terapeuta centrada en la compasión. Además, de haber tomado muchísimos cursos de especialización clínica. Pero, más allá de los títulos y cursos, quiero compartir un poco sobre mi, lo que me apasiona en la vida y cómo he llegado hasta acá. Estoy casada hace 29 años, soy mamá de 5 y siempre he amado mi profesión. Durante muchos años, me dediqué a trabajar con parejas y en terapia individual. Sin embargo, mi vida dio un giro radical cuando descubrimos que mi mamá tenía una grave enfermedad, y un año y ocho meses después, falleció. Me sentí abrumada por todo lo que viví durante su enfermedad, y fue entonces cuando empecé a sufrir episodios de atracones. En mi búsqueda por sanarme busqué ayuda con diferentes profesionales, pero nada me funcionaba hasta que, de manera inesperada, encontré la psicología de la alimentación consciente y la terapia centrada en la compasión. Conocer esto marcó un antes y un después en mi vida. Todo empezó a encajar nuevamente, y la bruma en la que sentía que estaba comenzó a despejarse. En ese momento supe con total seguridad que este era mi camino. Por eso, hoy mi foco está puesto en ayudar a mujeres a sanar su relación con la comida y con ellas mismas.


ME ESPECIALIZO EN...
Trastornos alimenticios TCAAdultoMindfulnessTerapia para la ansiedad

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx