
No creo que la terapia sea un lugar donde alguien te diga qué hacer con tu vida. Creo que es un espacio donde, juntos, podemos entender por qué repites ciertos patrones, qué hay detrás de aquello que hoy te hace sufrir y cómo construir nuevas formas de afrontar lo que estás viviendo. Mi trabajo no consiste únicamente en escuchar. Me gusta que las personas comprendan qué ocurre con sus emociones, pensamientos y conductas, porque cuando entendemos el problema también comenzamos a recuperar la sensación de control sobre él. Trabajo con niños, adolescentes y adultos que enfrentan ansiedad, trastornos del ánimo, trauma, estrés, dificultades emocionales y procesos de cambio. Cada intervención se adapta a la persona que tengo al frente, porque ninguna historia merece una respuesta automática. Quiero que quienes llegan a consulta encuentren un espacio seguro, cercano y sin juicios, donde puedan sentirse acompañados, pero también desafiados a descubrir recursos que quizás hoy no saben que poseen. Mi objetivo es que, con el tiempo, la terapia deje de ser un lugar al que necesitas venir para convertirse en una experiencia que te entregue herramientas para desenvolverte con mayor confianza en tu vida cotidiana.